NO NOS CALLAMOS MÁS

Audiencia N° 10, 29 de diciembre de 2020. Juicio “Pozo” de Banfield, “Pozo” de Quilmes y “El Infierno” de Avellaneda.

En una semana histórica, testificaron María Sonderéguer y Alejandra Paolini sobre la violencia de género durante la dictadura.

Todavía reposan las sobras del desayuno en la mesa cuando empiezan a encenderse las ventanas que indican el comienzo de la audiencia. Una nueva jornada que corre idéntica a las anteriores pero en el aire hay otra cosa. Por coincidencia del azar, en una semana histórica para los feminismos, testificaron María Sonderéguer y Alejandra Paolini, sobre la violencia ejercida a las mujeres en la época dictatorial.

María tiene una templanza particular. Es clara y precisa en la testificación como lo es en su rol docente. Convocada por las querellas de las Dras. Santos Morón, Pía Garralda y Espinoza, expone una investigación realizada en el 2008 que tenía como fundamento aportar una perspectiva de género a las categorías judiciales en las que estaban enmarcadas las declaraciones sobre violencia contra las mujeres de las victimas. A su vez, enmarcado en los avances de las normativas del país.

El trabajo titulado como Violencia sexual y Violencia de Género en el Terrorismo de Estado buscaba poner sobre el tablero la necesidad de pensar en la particularidad de los delitos cometidos a las mujeres, en relación a sus condiciones de género. Allí se engloban distintos tipos de violencia, como la psicológica, la sexual, simbólica, económica y patrimonial.

“Narramos las distintas violencias que sucedieron en los distintos centros clandestinos de detención. Podemos encontrar con que hubo múltiples violaciones hacia las mujeres que han sido denunciadas y violaciones a varones que han sido menos denunciadas” dice María Sonderéguer y agrega que las agresiones sobre el cuerpo implican una relación de dominio que opera de forma diversa en los hombres y en las mujeres. En el caso de los hombres se los despoja de su masculinidad y, en el caso de las mujeres, se complejiza aún más.

La corporalidad femenina, es entendida históricamente como un territorio de disputa del cual se busca ejercer el dominio mediante la violencia y donde, a su vez, también se pretende agredir a los varones del bando contrario, inscribiendo su fracaso. Paralelamente, los ataques de género tienen una segunda función, la moralizante, que aspira a castigar el alejamiento de las mujeres del rol tradicional que le fue asignado socialmente.

La declaración culmina con una seguidilla de preguntas de carácter formal.

Alejandra Paolini, es abogada y tiene un extenso currículum académico vinculado a los Derechos Humanos. El testimonio ofrecido por la querella de la Dra. Espinoza, sostiene su narración con documentación extraída de las declaraciones de las víctimas, que utilizó para elaborar su investigación. Sin embargo, la Dra. Ibañez, defensora de Minicucci, se opone a la posibilidad de exhibir dicha información. “El testigo solo tiene que responder preguntas sobre hechos que perciba a través de sus sentidos” aduce la defensoría. 

El Juez Ricardo Basilico resuelve continuar con la proyección pero la Dra. Ibañez insiste en que no son las formas de presentar el material. El diálogo se torna intenso y con la resolución del Tribunal la exhibición termina por efectuarse, luego de un cuarto intermedio y varias caras largas.

La investigación por la cual es convocada Paolini fue publicada en el 2011 en formato libro, del cual es co-autora. Grietas en el Silencio versa sobre la violencia sexual en contexto dictatorial y busca visibilizar la agresión que ejercían los militares contra las mujeres, dado que históricamente el velo del silencio caía sobre ese tipo de denuncias. Como también pretende revelar la indiferenciación de los delitos sexuales en los Juicios de lesa humanidad.

Según Alejandra, las resoluciones judiciales no distinguían a esas agresiones como un modo particular de tortura. A su vez, las justificaciones se erigían sobre la imposibilidad de demostrar la violación o en la esporadicidad de la misma o en la inexistencia de cometer esos crímenes en las ordenes de la Junta Militar e, incluso, que era imposible identificar a los responsables y que no se podía juzgar a los mandos altos y medios por ello. “Lo cual es totalmente incierto”, remata Paolini, mientras agrega, “Sabemos que el manto del silencio institucional en la medida que no sea visibilizado, lo que opera es la impunidad”.

La visualización de los extractos de las declaraciones hechas por víctimas, recrudece el aire del recinto virtual.

El trabajo se fundamenta sobre la misión de indagar en las causas, las magnitudes, las características y los efectos de las agresiones sexuales cometidas, partiendo de la hipótesis de que las mujeres fueron especialmente afectadas por este tipo de violencias. Al igual que María destaca que una forma de tortura recurrente era amenazar al hombre con la violación de su compañera.

***

La declaratoria continua con precisiones vastas que desgarran pero que echan luz a la oscuridad del silencio al que fueron sometidas las víctimas. 

El Juez Basilico interviene sobre el final para recordar que hay un horario pautado para finalizar la audiencia y momentos después desea feliz año nuevo, con la esperanza de que augure un mejor futuro.

Las luces de las ventas se apagan temporalmente hasta el martes que viene.

 *Cobertura realizada por Azul Paez. 

Cómo citar este texto: Diario del juicio. (29-12-2020). “NO NOS CALLAMOS MÁS” . Recuperado de https://diariodeljuicioar.wordpress.com/?p=507

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