“FRENTE AL TERRORISMO DE ESTADO NOS DEFENDIMOS CON LAS ARMAS QUE TENÍAMOS”

AUDIENCIA N°15, 23 DE FEBRERO DE 2021. JUICIO “POZO” DE BANFIELD, “POZO” DE QUILMES Y “EL INFIERNO” DE AVELLANEDA

En la decimosexta jornada de debate oral y público prestaron declaración testimonial tres sobrevivientes del ex CCD conocido como Pozo de Banfield: el militante del PRT Jorge Adalberto Nadal describió su secuestro, las golpizas y torturas, los 4 años de prisión en Sierra Chica y la búsqueda que duró décadas hasta reencontrarse con su hijo apropiado por un policía; el militante de Montoneros Luis Alberto Messa narró el periplo por centros clandestinos  de Zárate Campana por los que pasó antes de ser trasladado al Pozo de Banfield; y Lucía Deón, que militó en la JTP y fue delegada gremial de trabajadores municipales de Lomas de Zamora, explicó que su secuestro y cautiverio estuvieron relacionados especialmente con su rol de inspectora municipal de riesgos profesionales en fábricas de la zona sur: “Les interesaba saber sobre mi trabajo e incluso recibí en varias ocasiones ‘visitas’ a mi casa con amenazas veladas”.

Jorge Adalberto Nadal tiene 71 años, vive en San Luis, su provincia natal, y vivió el exilio durante varios años en Francia hasta que en 1984 regresó a la Argentina tras ser convocado por Abuelas de Plaza de Mayo. Él había denunciado el secuestro y apropiación de su hijo menor, Pedro Luis, y el organismo que en aquél momento presidía María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani había detectado en Córdoba a un niño cuya verdadera identidad podía llegar a ser la del hijo de Nadal. 

No lo fue en aquél momento pero sí lo sería 30 años después, en 2004, cuando se produjo el tan esperado reencuentro. Pedro Luis había sido criado por un policía de la Brigada de Quilmes, Luis Alberto Ferián, y su mujer Yolanda Franchesco, mediante el cambio de identidad del niño llevada a cabo por el ya condenado exmédico policial, Jorge Antonio Bergés.

“Antes de iniciar mi declaración, quisiera pedir permiso al Tribunal para que me permita, más adelante, leer un fragmento de este artículo periodístico que he conservado y que contiene los nombres completos de las 32 personas que permanecieron detenidas conmigo en el Pozo de Banfield”, dijo Nadal ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata al comienzo de la jornada del 23 de febrero. Su petición fue aceptada y él pudo reconocer a las víctimas con las que compartió cautiverio. 

Militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), fue secuestrado violentamente por una patota de la Brigada de Investigaciones de Banfield que irrumpió en su casa el 16 de mayo de 1975, casi un año antes del último golpe cívico-militar. Su pareja, Hilda Magdalena García, cursaba el 9 mes de embarazo de su segundo hijo, y uno de los que irrumpieron en el domicilio le apoyó una ametralladora en su vientre. A Jorge le apoyaron otra ametralladora en su trasero, y mataron delante de Carlos Alberto -el hijo de 1 año y medio- a su mascota, un conejo.

“Me subieron a un Falcon y me tiraron en el piso del asiento de atrás, con tres integrantes de la patota que apoyaban sus piernas sobre mi cuerpo”, describió Jorge, quien fue trasladado a la Brigada de Banfield donde inmediatamente lo ingresaron a la sala de tortura: “La picana produce ahogo, asfixia, y se aplica en los labios, genitales, fosas nasales, pero como les pareció poco me dispararon con calibre 45 en la rodilla izquierda para producir una herida sangrante, como si fuera un roce. Sobre esa herida también aplicaban electricidad. Y realizaron un segundo disparo en el lóbulo de la oreja izquierda, con el mismo objetivo”.

Su familia de San Luis, al enterarse del secuestro, comenzó a buscar ayuda. La madre se reunió con el obispo diocesano de San Luis de aquella época, Juan Rodolfo Laice, pero obtuvo la siguiente respuesta: “Señora, retírese. Nosotros a las madres de los comunistas y subversivos no las recibimos”. El obispo murió sin haber sido citado a declarar y guardó su silencio cómplice para siempre. 

A los pocos días de su cautiverio en Banfield, el comisario de la Brigada le solicita al juez Federal de la Plata, Carlos Molteni, que no oficializara las detenciones porque “a nosotros nos iban a fusilar a todos. En general, cuando se buscaba ese objetivo lo que hacían era anunciar como ‘bajas en enfrentamientos’ para luego asesinar a las personas que iban siendo secuestradas”. Sin embargo, el juez le respondió que no, que iba a oficializar las detenciones. “¿Pero cómo no puede si usted es un juez conservador?, le preguntó el comisario, y Molteni, a quien reconozco su compromiso con su cargo, le contestó: ‘Sí, soy un juez conservador, pero también un juez probo de la Nación’”.

El 29 de mayo del 75 nace finalmente Pedro Luis, el segundo hijo de Jorge Adalberto que, con el secuestro de Hilda Magdalena García –actualmente permanece desaparecida tras haber permanecido en cautiverio en el Pozo de Quilmes-, terminaría siendo apropiado por intermediación del inefable exmédico Bergés y entregado para su crianza a una pareja de policías de la Brigada de Quilmes: Luis Alberto Ferián, y su mujer Yolanda Franchesco. Por casi 30 años, padre e hijo no pudieron verse a la cara ni tocarse. En cuanto a su hijo mayor, sería entregado a la abuela materna, que vivía en Chaco, por parte de una compañera de Hilda, Liliana Haidé Scocimarro.

Aquél mismo 29 de mayo de 1975 se oficializaría la detención de Jorge y muchos de los detenidos en la Brigada y él sería trasladado al penal 2 de Sierra Chica donde permaneció 4 años bajo torturas, golpizas y amenazas: “Una tarde, mientras estábamos en el patio de la cárcel, uno de los guardias detectó algo raro: yo le estaba pasando un papel con información a un compañero del pabellón contiguo al mío. Por ese motivo me llevaron a una celda de castigo y entre 20 me golpearon; me echaron raid y otros químicos en la boca para intentar recuperar algo que hubiera tragado. Recuerdo varios de sus nombres: el cabo Pérez, el cabo Rosales, Quinteros, Gregorini, Laborde… porque pretendo, algún día declarar esto en el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en Sierra Chica”. 

“Me pedían que me parara y realizara movimientos vivos, pero yo no los iba a hacer ni aunque me mataran. De todos modos no me podía parar por lo que me arrastraron de los cabellos por el pabellón 12, yo iba vomitando y perdiendo excrementos y me tiraron a las duchas. Perdí la movilidad en el brazo derecho y en la pierna izquierda, una especie de hemiplejia, que duró muchos días”, describió.  

De Sierra Chica fue trasladado a la Unidad Penal 9 de La Plata y alojado en el pabellón 16, conocido como el pabellón de la muerte y donde eran llevados los dirigentes principales de las organizaciones políticas. Y finalmente le llegó la opción: “Seguir preso o irme del país. Algunos optaron por continuar pero yo inmediatamente acepté. En realidad, a uno lo echaban del país. En esa circunstancia es que recibo la visita de mi hijo mayor, Carlos Alberto, que ya tenía 7 años y no veía desde hacía más de 5”.

“Para terminar, quisiera decir que la palabra subversivo es una cuestión semántica: nosotros no subvertimos el orden, nos defendimos. Y nos defendimos con las armas que teníamos. Por eso, quienes realmente subvirtieron el orden público fueron ellos, los autores del terrorismo de estado”, concluyó Jorge Adalberto Nadal.

Por otra parte, también brindó declaración testimonial Luis Alberto Messa, quien a fines de 1969 empezó a trabajar en la dirección general de Fabricaciones Militares, en la sede central de Capital Federal, y desde joven fue forjando su identidad política en el peronismo. Militante de Montoneros, la casa de sus padres en la que él todavía vivía fue allanada por una patota en enero de 1976. Como Luis y su padre no se hallaban en el domicilio, su madre fue golpeada brutalmente y varios objetos de valor fueron robados. A Luis lo arrestaron finalmente el 31 de diciembre de aquel año, en una calle de la ciudad de Escobar.

Su primer destino de cautiverio fue la Comisaría de Escobar, donde permaneció algunas horas hasta que lo trasladaron en un auto a la zona de Zárate Campana. “Estuve alojado en el barco Murature que funcionó como centro clandestino de detención y allí me torturaron con picana y con otros sistemas como el estiramiento en una especie de ‘potro’. De allí fui llevado al Tiro Federal de Campana y posiblemente también pasé por Arsenal de Marina de Zárate. Todo esto ocurrió en un lapso de 15 días aproximadamente, hasta que una mañana de lluvia me llevan al Pozo de Banfield”.

En la Brigada permaneció casi todo el tiempo maniatado con alambre, lo que dejó durante mucho tiempo las marcas de las heridas en sus muñecas. Siempre estuvimos maniatados con alambre, que dejan rastros en las muñecas. Pudo reconocer el sitio de cautiverio porque frecuentemente pasaba por la calle un autoparlante que invitaba a  un gran baile que se realizaría en Banfield. En una de las cinco noches que pasó en ese ex CCD lo vinieron a buscar al calabozo y lo llevaron a la sala de interrogatorio. “Me preguntaban insistentemente siempre lo mismo: mis datos, dónde militaba, a quiénes conocía, qué había hecho… me golpeaban con las pistolas o cualquier elemento contundente, y recuerdo con claridad que nunca faltaba el sonido de las teclas de una máquina de escribir”, relató Messa, quien afirmó ante el TOF 1 que en Banfield tuvo contacto con Eva y Raúl de Marciano, a quienes conocía de antes.

Su padecimiento por distintos centros clandestinos continuó por años: en abril de 1979 fue llevado a la cárcel de Sierra Chica, luego pasó por las cárceles de La Plata, Rawson y nuevamente la 9 de La Plata, hasta que a fines de 1982 recupera su libertad.

La última declaración testimonial de este martes 23 de febrero fue la de Lucía Deón, secuestrada el 14 de noviembre de  1974 en un bar de Lomas de Zamora junto a tres compañeros suyos: “Nos llevaron a la comisaría 1º de Lomas y allí fuimos torturados. A mí me dejaron con una hemiplejia. Luego de unos días me sacaron al Pozo de Banfield donde quedé incomunicada en una celda individual. Creo que era en un primer piso. Luego de unos días me dejaron libre en el pasillo, y había 6 o 7 celdas: en una de ellas estaban mis compañeros y me dejaban conversar con ellos. También nos dejaron ver a nuestros respectivos abogados”.

Cuando fue secuestrada Lucía era trabajadora de la Municipalidad de Lomas de Zamora del área de Inspección de Riesgos Profesionales –similar a lo que hoy se conoce como seguridad laboral- y se encargaba de recorrer y examinar fábricas de la zona sur de la Provincia (Quilmes, Berazategui, Avellaneda, Lanús, entre otros distritos). Además era integrante de la Juventud Trabajadora Peronista de Lomas de Zamora y delegada gremial de los trabajadores municipales. 

“En Banfield fui torturada, y en cada interrogatorio, además de preguntas sobre mis compañeros y compañeras, siempre aparecían mis actividades de inspección en fábricas. Les interesaba saber sobre mi trabajo e incluso recibí en varias ocasiones ‘visitas’ a mi casa con amenazas veladas”, explicó.

La próxima jornada del debate oral y público será el martes 2 de marzo desde las 9:30 y se tomarán las declaraciones testimoniales de Gustavo Javier Fernández, Lidia Ester Biscarte y Orlando Edmundo Oviedo.  

*Cobertura realizada por Sebastián Pellegrino

Cómo citar este texto: Diario del juicio. (23-02-2021). “FRENTE AL TERRORISMO DE ESTADO NOS DEFENDIMOS CON LAS ARMAS QUE TENÍAMOS” . Recuperado de https://diariodeljuicioar.wordpress.com/2021/03/03/frente-al-terrorismo-de-estado-nos-defendimos-con-las-armas-que-teniamos/

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