Historias de familias diezmadas

AUDIENCIA N° 35,10 DE AGOSTO DE 2021, JUICIO “POZO” DE BANFIELD, “POZO” DE QUILMES Y “EL INFIERNO” DE AVELLANEDA

¿Qué esperar de la justicia? Reflexionan una sobreviviente, un hijo y un hermano.

La audiencia de hoy estuvo permeada por las afirmaciones y cuestionamientos de los testimoniantes en relación al lugar de la justicia. Haydée Lampugnani, sobreviviente; su hijo Gervasio Díaz y Hugo Pujol, preso político y hermano de Graciela Pujol (desaparecida embarazada) entrelazaron historias personales con reflexiones como un catalejo de análisis de lo sucedido en los años previos, durante y posteriores a la dictadura genocida.

Haydée Lampugnani:”Somos una familia diezmada por la represión”

El 5 de octubre de 1976 marca la fecha de su secuestro en La Plata, la tarde que iba al encuentro de su mamá para acordar el cuidado de sus hijos Rafael y Gervasio (de 4 y 3 años). La situación familiar era difícil y ella estaba alojada en casa de unas compañeras. Unos días antes, habían secuestrado en un bar próximo a su casa, a su suegro Rafael Díaz Martínez, escribano catamarqueño que había ido a visitarles junto a un amigo, sobrino de Monseñor Plaza.

Su esposo Guillermo Eduardo Díaz Nieto había sido detenido desaparecido el 8 de febrero de 1975 en Tucumán junto a dos compañeros. “Fueron los primeros secuestrados del Operativo Independencia”, demarca Haydée, en relación al contexto histórico pre-dictadura. Se muda con sus hijos a La Plata, donde trabaja como asistente social en el barrio “El Gato”, haciendo promoción comunitaria y conciencia política. “Hacía trabajo de base”.

Con voz firme, Haydée describe al tribunal sus diversos destinos en el circuito represivo. El primer lugar fue la Comisaría 5ª de La Plata, donde la amenazan con que le iba a pasar lo mismo que a su marido. Luego, junto a Mario Salerno, la llevan a Arana, donde es maniatada de pies y manos por detrás, encapuchada y torturada. Sólo al octavo día de estar allí, logra que le liberen los pies. En ese lugar declara escuchar muchas voces y hasta tiros en el lugar.

El siguiente centro de detención fue El Vesubio, donde pasa 22 días sin recibir alimento, solamente le dan agua y ocasionalmente un pan. “Esto fue además de un centro de tortura, un centro de exterminio”, redimensiona Haydée la caracterización del espacio. Una guardia muy violenta, una quema de libros, la tortura a toda hora conformaban una afrenta a la dignidad de las personas. Recuerda compartir celda con Inés Pedemonte y Marlene Krug, próximas a Nilda Eloy y Graciela Jurado.

Desde allí es transferida a la Brigada de Investigaciones de Lanús: Haydée enfatiza la institucionalidad del lugar para dejar firme el papel de la Policía de la provincia de Buenos Aires. Junto a Horacio Matoso, Nilda Eloy, Mario Salerno, Jorge Mendoza Calderón y Graciela Jurado pasan a una celda totalmente cerrada como un tubo. Su tamaño los obliga a alternarse: dos acostados y el resto parados. En ese centro pasa 5 ó 6 días sin comer y sólo recibe agua.

Luego es trasladada en avión al CCD “La Perla” en Córdoba. “Si ustedes sobreviven, de nosotros no se van a olvidar”, profiere el represor Manzanelli. Haydée quiere subrayar en esta instancia de su testimonio la integración del circuito represivo. Ella era una secuestrada de la Policía de la provincia de Buenos Aires y pasa al III Cuerpo de Ejército, en un operativo totalmente articulado. “Qué hacés, con quién te juntás, a quién conocés”, se repetía en todos los interrogatorios.

Unos días después es llevada en camión a una prisión militar por un día y luego a la Penitenciaría de Córdoba. Un control de salud determina que pesaba 38 kilos.  Pasa varios días incomunicada en una celda individual hasta que, al aparecer en un comunicado del PEN, sus padres y su suegro van a visitarla. Sólo logran dejarle una carta que le leen, pero no entregan, así como una foto de sus hijos en un monumento simbólico de Catamarca para que ella supiera que sus niños estaban con sus abuelos paternos. No tuvo nexo con el exterior hasta septiembre de 1977 cuando pasa a la cárcel de Devoto.

Recién en febrero de 1978 se reencuentra con sus hijos, mampara de vidrio mediante, a través de un teléfono; la distancia se transforma así en otra forma de tortura. Finalmente es liberada en mayo de ese año.

Somos una familia diezmada por la represión”. Haydée afirma con entereza que quiere que su historia personal y colectiva sean un aporte a la justicia.

“No vengo a pedir justicia”

Gervasio Díaz, hijo de Haydée Lampugnani y de Guillermo Díaz Nieto, se presenta como testigo para dejar en claro lo que implicó y la responsabilidad del Estado argentino en el secuestro de sus padres y en las consecuencias sobre su vida familiar en los años previos a la dictadura, durante la misma y después del retorno a la democracia en 1983. Da cuenta de la magnitud del plan genocida, la tortura expandida desde lo simbólico a ellos como hijos y a su familia.

“¿Cuáles fueron las herramientas que me permitieron reconstruir mi vida familiar y social y llegar al juicio a los 49 años?”, pregunta. Primero, la familia, los abuelos maternos y paternos, que ante semejante pérdida se hicieron cargo de dos niños que quedaron a la deriva. Segundo, la solidaridad: de quienes estaban próximos; de la gente del barrio que los protegió en Cipoletti donde se trasladaron con su mamá liberada para tener tranquilidad; del Director de la escuela donde trabajaba que se negó a sumariarla y dejarla cesante; de las Madres de Plaza de Mayo de Neuquén y del Alto Valle; de Jaime de Nevares que los ayudó; de otros que pensaban como él y con quienes pudo empezar a hablar y desde el 95, la reconstrucción colectiva desde HIJOS.

Ni la escuela primaria ni la secundaria fueron ámbitos de contención, de escucha. Por el contrario, vivieron el escarnio y la discriminación por ser hijos de desaparecidos. Nunca hubo en ellas una reflexión en torno al 24 de marzo. Sólo de grande pudo decir quiénes eran e hijos de quiénes gracias a haber crecido con la verdad dicha siempre por su madre. Hoy, su testimonio se centra en el homenaje a esa generación que quiso transformar la sociedad.

“No participo en este juicio para pedir justicia. Los momentos de justicia fueron los de movilización, los de justicia popular, los de los escraches públicos en la cara a estos asesinos. Sí quiero poder reivindicar a quienes con poco, con mucho, jugándoselas completo, nos permitieron llegar a este juicio a contar lo que nos pasó y nos pasa”. “Tener a mi vieja consciente y clara, sin dar un paso atrás, me permiten hablar de mi padre, de sus luchas, de sus sueños”. “Mi legado es mantener viva la memoria de una generación que pensó que se podía vivir en un mundo diferente y que adopté como propia”, enfatiza.

Lamenta no poder exigir justicia porque los represores siguen teniendo poder y privilegios, más allá de su posible condena. “A ellos no les pido nada. Tuvieron tiempo para contar, para decir lo que hicieron, pero se ampararon en muchos años de terror, luego de silencio y olvido y después, de impunidad”, reflexiona. “La tortura no estuvo sólo en un CCD sino que la llevaron adelante por mucho tiempo. Pero no pudieron llevarse la conciencia colectiva, su lucha”, finaliza.

“El tema de los desaparecidos en una familia sin saber lo que les pasó, es una burbuja de vacío que está ahí”

Hugo Pujol es detenido en septiembre de 1976, a los 20 años. En la cárcel se entera de la desaparición de su hermana Graciela, embarazada de 4 meses, quien fue secuestrada con su esposo Horacio Olmedo en octubre del mismo año.

La búsqueda de sus padres y suegros fue intensa. Siete habeas corpus, cartas a Pío Laghi, el obispo castrense; al Ministerio del Interior; a organizaciones internacionales, tenían siempre respuestas negativas. Solo un año y medio después recibieron una carta escrita a máquina desde Chascomús, en la que un sobreviviente les cuenta haberla visto en un CCD, sin especificar cuál.

Para Hugo, la justicia se convierte en un bálsamo emocional cuando hace que los responsables purguen una condena en la cárcel, en función de los delitos cometidos. Él quisiera armar el rompecabezas y saber el recorrido de su hermana para poder cerrar esta historia en el marco de la justicia y hacer el duelo. “El duelo se hace cuando uno sabe lo que sucedió. Al no saber queda el vacío”.

Finaliza una audiencia conmovedora.

Se pasa a cuarto intermedio hasta el martes 17 de agosto, a las 9 horas.

*Cobertura realizada por Adriana Redondo

Cómo citar este texto: Diario el Juicio. 10 de agosto de 2021. “Historias de familias diezmadas”. Recuperado de https://diariodeljuicioar.wordpress.com/2021/08/16/historias-de-familias-diezmadas