María Ofelia Santucho

Nosotros los hijos tenemos muchos “hubiera”…

AUDIENCIA n° 34, 3 DE AGOSTO DE 2021. JUICIO “POZO” DE BANFIELD, “POZO” DE QUILMES Y “EL INFIERNO” DE AVELLANEDA

Se da inicio a la jornada para la cual están previstos los testimonios Mariana Busetto, hija de Osvaldo Busetto, detenido desaparecido visto en el Pozo de Quilmes, Ramiro Poce, sobrino de Julio Gerardo Poce, detenido desaparecido visto en el Pozo de Quilmes y María Santucho, sobreviviente de Campo de Mayo y del Pozo de Quilmes, hija de Ofelia Paz Ruiz y Oscar Asdrúbal Santucho. 

Después de jurar decir la verdad de todo cuanto sepa y le fuera preguntado, Mariana empieza aclarando que a su papá se lo llevaron cuando él tenía 30 años y ella tan solo dos. Razón por la cual su testimonio es una reconstrucción de la historia que fue armando a lo largo de su vida.

Ella comenta que empezó a conocer más de lo que sucedió, a partir del libro de La Noche de los Lápices, cuando estaba en el secundario. En esa época, se escapaba de su casa para participar de las marchas conmemorativas y allí conoce a Pablo Díaz quien le cuenta que estuvo detenido con su papá.

Mariana, destaca que fue su tío Juan Carlos Busetto quien más lo buscó. Recalca el amor inmenso que tuvo para su hermano y como hizo todo lo que estuvo a su alcance para tener información sobre él. Nunca dejó de buscarlo, hasta el día de su muerte.

Según la reconstrucción que ella pudo realizar gracias a los aportes de Pablo Diaz, Walter Docters, Gustavo Calotti y Nora Úngaro, supo que a Osvaldo lo detienen cuando fue a una cita con Calotti el 9 de septiembre de 1976. Calotti había sido detenido y torturado previamente y fue llevado obligado a la cita. Al encontrarse y ver el estado de Calotti su padre intenta huir, pero es baleado en una pierna y detenido, dado el carácter de sus heridas fue llevado al hospital naval donde fue operado.

Posteriormente lo trasladaron al Pozo de Arana, donde estuvo desde septiembre hasta principios de octubre, cuando fue transferido al Pozo de Quilmes y donde encuentra a su pareja, Angela López Martin y otros detenidos de “La Noche de los Lápices”. En marzo, lo trasladaron al Pozo de Banfield y allí lo ubican los testimonios hasta diciembre de 1977.  

Años después, Mariana se enteró que un amigo de su abuela materna, que había mantenido muy buena relación con la familia, era en realidad un custodio de Camps; un infiltrado que cuando fue descubierto por su abuela, le pidió un “incentivo” para evitar que le pase algo a la familia. 

Se quiebra al decir, que su papá era una persona muy hermosa, que los hijos tienen muchos “hubiera”, ¿Cómo hubiera sido su vida con él al lado?, ¿Cuántas cosas feas no le hubieran pasado?, ¿Cómo hubiera sido como abuelo?

Antes de finalizar su declaración, recordó que los acusados siguen cometiendo delitos porque ellos tienen información y la están callando. Por eso van a tener que ser juzgados por la sociedad y por la ley.

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Ramiro Poce, cuyo testimonio fue ofrecido por la querella Justicia Ya, aclara que va a dar testimonio por el caso de su tío, Julio Gerardo Poce y de su compañera Graciela Pernas, ya que por la desaparición de su padre, Ricardo, atestiguo hace diez años, en la Causa ABO.

Al igual que el de Mariana, su relato es una reconstrucción de la información que obtuvo de testimonios de compañeros y amigos. Destaca el trabajo hecho por su abuelo, Julio Poce, que investigó todo lo que pudo acerca de la desaparición de sus dos hijos.

Tanto Julio, su tío, como su esposa, Graciela, nacieron en La Plata, él en 1952 y ella en 1955. Ambos fueron al Colegio Nacional de la Plata donde se conocieron y allí militaron en el GRES (Grupo Revolucionario de Estudiantes Socialistas). Posteriormente ingresarían al OCPO (Organización Comunista Poder Obrero). El 22 de marzo de 1976 se casaron, ya con un clima muy “pesado” a cuestas. Para ese entonces, Julio ya había sido amenazado de muerte por la CNU (Concentración Nacional Universitaria) y la Triple A; razón por la cual se mudaron a un PH en el barrio de Flores.

El 19 de octubre de 1976, los militares irrumpieron en el PH en el que vivía la pareja. Ambos intentan escapar y, a pesar de que Graciela ya estaba a punto de lograrlo, vuelve atrás al darse cuenta de que Julio es baleado en una pierna y que no iba a poder seguirla. Los detienen, los golpean y encapuchan. Antes de dejar el lugar la patota revuelve todo, incautaron los objetos de valor y escriben en la pared con aerosol “vivan las fuerzas conjuntas”.

Por los testimonios que pudieron recoger con el tiempo, supieron que los llevaron Puente 12, donde fueron duramente torturados. El 25 noviembre del mismo año los trasladan al Pozo de Banfield, según surge de los testimonios de Víctor Carminati, Alicia Carminati, José María Novielo y Pablo Diaz. Lo que se presume es que en el mes de diciembre la pareja fue asesinada y hasta el día de la fecha no se encontraron los cuerpos.

A la pregunta de la querella de cómo repercutieron las desapariciones de sus tíos y de su papá, Ramiro cuenta que se tuvo que exiliar con su mamá, que vivió unos años en Francia. Al volver a La Plata, regresó a una ciudad arrasada, que sentía las ausencias de muchos compañeros de su papá y que todavía mantenían esquemas de seguridad, como tocar cuatro veces el timbre.

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María, hija de Oscar Asdrúbal Santucho y Ofelia Paz Ruiz, comienza su relato evocando a cuatro mujeres que la acompañaron en la vida y son parte del testimonio que está por comenzar. Graciela Santucho es su prima hermana y fue la primera persona en contarle acerca de estos lugares del horror. Sus dos tías, hermanas de su padre, Manuela Santucho, militante del PRT-ERP, abogada de presos políticos y Cristina Navajas de Santucho, con la que tuvo una relación muy especial. Finalmente, Adriana Calvo, por ser la causa de que ella se haya vinculado mucho más a los juicios para dar testimonio y seguir buscando la verdad y la justicia. Ellas están en el altar de su vida como mujeres, como madres, como militantes y como guerrilleras, porque hasta el día de hoy le siguen dando luz a su vida.

Relata, que los hechos que está por contar sucedieron cuando ella tenía 15. Su familia fue muy perseguida, hay varios desaparecidos y desaparecidas, asesinados, presos durante mucho tiempo, torturados y la mayoría de ellos tuvieron que exiliarse.

En 1974, su mamá, que no era militante, acepta mudarse a Buenos Aires, dado el clima de amenazas y constante hostilidad que vivían en Santiago del Estero. En su nueva casa, se realizaban reuniones del estado mayor del PRT-ERP, los visitaban familiares y al mismo tiempo, a pesar del cambio de identidad ella y sus otras 3 hermanas, su madre procuraba de que tuvieran una vida lo más normal posible.

Al poco tiempo, su padre es enviado por el partido, a la compañía de monte “Ramon Rojas Jiménez” en Tucumán. Posteriormente, muere asesinado en una finca de unos campesinos cerca de un pueblito de Santa Lucía, Tucumán.

El 9 de septiembre estaban celebrando un cumpleaños junto con unos niños de la cuadra, cuando cerca de diez militares irrumpen en la casa. Les gritan, los golpean, los sujetan, pintan la estrella del PRT-ERP en las paredes con aerosoles, saquean y se llevan cosas de valor. María, en un momento pensó que eran asaltantes o ladrones, por la forma brutal de comportarse.

Luego de todo esto, con las manos atadas a la espalda en pleno día, los trasladaron a lo que suponen era Campo de Mayo. Una vez allí, la mantienen atada, en el piso, con los ojos vendados, la golpean, la amenazan con violarla entre “todos los soldados”. La llevan hasta el Mayor Peirano, quien la interroga sobre si su mamá o ella militaban y, la tienen cautiva en una habitación apartada de sus hermanas durante toda la noche.

Al día siguiente, los subieron a un vehículo donde se encontró nuevamente con sus primas, hermanas y dos niños. Durante el traslado una de las niñas alcanza a leer un cartel que decía “Quilmes”. Al llegar al lugar, le quitaron la venda. En ese momento ve autos de la policía, policías de uniforme y parte de la patota que había estado en el secuestro en su casa.

En el Pozo de Quilmes, los conducen a todos al último piso, a un calabozo con varias celdas, junto con dos mujeres de civil, que se presentan como asistentes sociales. María recuerda la sensación de invalidez al darse cuenta lo bien diseñado que estaba la red o los engranajes entre los que secuestraban, los que torturaban, los que luego te trasladaban, los que te recibían, los que te seguían teniendo cautivo. Todo ese esquema la hacía pensar que “de eso no se podía volver”.

Luego de unos días, su mamá es llevada junto con ellas, para después ser trasladadas en su auto por el Mayor Peirano a una nueva ubicación. Fueron rechazados en varios hoteles, por el estado de los niños, hasta que son aceptadas en el “Hotel Splendid” del barrio de Flores. El Mayor les deja un poco de dinero para procurarse alimento, bajo la advertencia de que al otro día pasaría por el lugar.

Cuando se quedaron solas, su madre llamó por teléfono a muchas de las familias de las personas con las que había estado detenida, a sus familiares y a los de los dos chicos. Logró contactar con compañeros del PRT-ERP, quienes diseñaron un posible plan de escape. 

En una de las oportunidades que el Mayor Peirano se reunió con su madre, aprovecharon y se encontraron con María, le dieron dinero para que se tomen un taxi hasta la embajada de Cuba, donde permanece  por un año, entre diciembre de 1975 y diciembre de 1976, hasta que consiguen que se libre un salvoconducto hasta el aeropuerto, ya que el lugar permaneció rodeado por militares y policías todo ese tiempo, para viajar a Cuba donde fueron recibidas, acompañadas y reconocidas por la lucha que llevaban adelante sus familiares por una sociedad mejor.

María concluye, que dar estos testimonios la hace sentir una persona digna, que ella sigue esperando “los huesitos” de sus familiares y mientras llegan, va a seguir pidiendo verdad y justicia. 

Finalmente, el juez indicó el inicio de un cuarto intermedio hasta el próximo martes 10 de agosto a las 9.00 y se tomará testimonio a Haydee Laculiani, Gervasio Antonio Diaz y Hugo Puyol.

* Cobertura realizada por: Cañete, Nelson.

Cómo citar este texto: Diario del juicio.10 de Agosto de 2021. ““Nosotros los hijos tenemos muchos “hubiera”… ” Recuperado de https://diariodeljuicioar.wordpress.com/2021/08/16/nosotros-los-hijos-tenemos-muchos-hubiera